domingo, 27 de septiembre de 2015

Lo voy a decir una y mil veces: No creo en las fronteras, no existen, desde la ventanilla del avión no les encontré nunca.
¿Las fronteras son solo un límite administrativo? Entonces todos los países deberían tener la misma cantidad de kilómetros de superficie. Y deberían importarnos lo mismo que nos importa el signo astrológico o el resultado de un test de una revista mediocre. Un límite virtual, una clasificación anecdótica.
En algún momento el "país" de cada humano fue solamente su tribu... fueron apenitas unos poquitos miles y miles de años. Después aparecieron las primeras ciudades-estado, hace dos minutos nada más, y la agricultura, la economía... y en el mismo instante en que alguien quiso ser superior al otro y poseer tierras y recursos se destruyó todo. Todo. Y así seguimos, jugando al progresismo, jugando a los derechos humanos, jugando a la modernidad... pero las fronteras parece que no se borran, inclusive se alientan... las promueven los nuevos nacionalismos latinoamericanos de falsa izquierda, el imperio norteamericano nuclear y apocalíptico, la fantasía "megalómano-aria" europea y sus intereses dudosos, los estados teocráticos de Medio Oriente y su ignorancia milenaria, el rigor de ideas antiecológico asiático... somos un desastre. Todos nosotros.
¡Hay espacio para todos, gente!
¿En el 2015 todavía peleamos por tierras y morimos en la búsqueda de nuestro lugar en el mundo? Que triste.
Cada vez que hablo con amigos sobre la vida digo: "me gustaría vivir en la montaña" y la respuesta a eso es "a mí en la playa", "yo en Barcelona", "yo en Brasil"... pero todos nos hacinamos en una ciudad y nos fastidiamos con el chino del supermercado, por invadir nuestro mundito patético. Somos tan poco humanos. Me siento responable como ser humano. Muy responsable.
No puedo comprender como todavía mueren personas buscando la felicidad en una tierra soñada. Todos merecemos encontrarla y disfrutarla, si en definitiva nos gustan cosas distintas y hay tanta variedad.
Mal que les pese a muchos, todos los humanos somos "pueblos originarios", de África, nada más. No hay un solo hombre o mujer vivo que no descienda de los primeros africanos, nuestros abuelos en común que nos emparentan a todos, a un alemán y a un somalí, somos literales primos, y venimos del sitio donde apareció la vida humana: África. El resto del mundo lo tenemos prestado, somos extranjeros. En Argentina, por ejemplo, un mapuche, un malvinense, un porteño, el chino del super o mis amigos colombianos estamos todos viviendo en un país que no nos pertenece, o que les pertenece a todos, y eso cuenta para Europa también. Cada uno de los países de Europa. Y para el mundo entero. Donald Trump debería saberlo también, antes de que le llegue un refugiado sirio a su terrenito.

Ojalá un día cada persona pueda elegir donde vivir y compartir la vida en paz con otros humanos, así evolucionamos un poquito al menos, y nuestro paso por este mundo como especie sea algo más interesante que una anécdota de un puñado de miles de años de no amarnos entre nosotros.

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