Lo voy a decir una y mil veces: No creo en las fronteras, no
existen, desde la ventanilla del avión no les encontré nunca.
¿Las fronteras son solo un límite administrativo? Entonces
todos los países deberían tener la misma cantidad de kilómetros de superficie.
Y deberían importarnos lo mismo que nos importa el signo astrológico o el
resultado de un test de una revista mediocre. Un límite virtual, una
clasificación anecdótica.
En algún momento el "país" de cada humano fue
solamente su tribu... fueron apenitas unos poquitos miles y miles de años.
Después aparecieron las primeras ciudades-estado, hace dos minutos nada más, y
la agricultura, la economía... y en el mismo instante en que alguien quiso ser
superior al otro y poseer tierras y recursos se destruyó todo. Todo. Y así
seguimos, jugando al progresismo, jugando a los derechos humanos, jugando a la
modernidad... pero las fronteras parece que no se borran, inclusive se
alientan... las promueven los nuevos nacionalismos latinoamericanos de falsa
izquierda, el imperio norteamericano nuclear y apocalíptico, la fantasía
"megalómano-aria" europea y sus intereses dudosos, los estados
teocráticos de Medio Oriente y su ignorancia milenaria, el rigor de ideas
antiecológico asiático... somos un desastre. Todos nosotros.
¡Hay espacio para todos, gente!
¿En el 2015 todavía peleamos por tierras y morimos en la
búsqueda de nuestro lugar en el mundo? Que triste.
Cada vez que hablo con amigos sobre la vida digo: "me
gustaría vivir en la montaña" y la respuesta a eso es "a mí en la
playa", "yo en Barcelona", "yo en Brasil"... pero
todos nos hacinamos en una ciudad y nos fastidiamos con el chino del
supermercado, por invadir nuestro mundito patético. Somos tan poco humanos. Me
siento responable como ser humano. Muy responsable.
No puedo comprender como todavía mueren personas buscando la
felicidad en una tierra soñada. Todos merecemos encontrarla y disfrutarla, si
en definitiva nos gustan cosas distintas y hay tanta variedad.
Mal que les pese a muchos, todos los humanos somos
"pueblos originarios", de África, nada más. No hay un solo hombre o
mujer vivo que no descienda de los primeros africanos, nuestros abuelos en
común que nos emparentan a todos, a un alemán y a un somalí, somos literales
primos, y venimos del sitio donde apareció la vida humana: África. El resto del
mundo lo tenemos prestado, somos extranjeros. En Argentina, por ejemplo, un
mapuche, un malvinense, un porteño, el chino del super o mis amigos colombianos
estamos todos viviendo en un país que no nos pertenece, o que les pertenece a
todos, y eso cuenta para Europa también. Cada uno de los países de Europa. Y
para el mundo entero. Donald Trump debería saberlo también, antes de que le
llegue un refugiado sirio a su terrenito.
Ojalá un día cada persona pueda elegir donde vivir y
compartir la vida en paz con otros humanos, así evolucionamos un poquito al
menos, y nuestro paso por este mundo como especie sea algo más interesante que
una anécdota de un puñado de miles de años de no amarnos entre nosotros.
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